(Remis Ramos Belmar, Octubre 2009)
¿Qué quiere decir que el electrón esté en dos lados al mismo tiempo?. Una carga que está allí, o aquí, allá y acullá, cuántas veces, cuántos momentos simultáneos con el mismo electrón?. O son momentos diferentes, o es que el tiempo es a la vez, todos los momentos son uno también, es y no es, es o no es, también al mismo… algo, un mismo algo, siendo algo ya es, pero cuando no es algo, qué es, no es nada? es qué, es este instante en que escribo, pero también estoy no escribiendo, estoy escuchando radio y viendo llover, escuchando todos los sonidos que puedo oír, la calle, los zorzales que también los veo si entran por mi ventana, no ellos, claramente, pero también claramente entra por la ventana, su luz?, qué entra?, entra porque lo veo, porque lo escucho, está aquí y no está, está fuera de mi ventana y dentro de mi cabeza, sólo en la cabeza?, por qué no en mi sangre, o en mi piel, o en mi hígado, en el agua que llevo dentro de mí, ¿la misma que está fuera de mí?, esa agua que llueve en este momento, ¿es la misma que llevo dentro de mi cuerpo?, ¿y si no es la misma, se comunican entre ellas, las moléculas de agua, los átomos, los electrones del agua que está lloviendo están allá afuera y están dentro de mí, ¡el mismo electrón que para Heisenberg estaba en dos puntos a la vez, qué tal si el electrón que miró Heisenberg es el mismo electrón del agua que cae como lluvia y que está dentro de mi cuerpo, al mismo tiempo en el hígado y en la piel, ese mismo electrón que estaba en 1927 es exactamente el mismo que está ahora afuera y adentro de mi cuerpo, y del cuerpo de mis hijos que duermen es las otras habitaciones, el mismo electrón. ¿Cuántos electrones hay? Y cuántos hay haciendo qué cosas?, ¿cosas?, por qué digo “cosas”, si la cosa en sí es una mera ilusión del pensamiento, por qué hablamos de cosas todavía?, por qué cuando hablamos de emociones hablamos de cuerpos etéreos que están fuera de nosotros y que describen estados o situaciones que ocurren dentro de nosotros y que nos hacen llamarlas emociones, llamarlas meramente, darles ese estatus de palabra, de concepto, de término en una proposición, de estructura presente y ausente, le asignamos profundidad, le agregamos contenido, la denotamos y la connotamos, a esa emoción que no podemos tangibilizar, que ya con sólo llamarla, nombrarla decimos que ya la sabemos, y hacemos todo lo que dije, decimos miedo y nos asustamos, el miedo como emoción que tememos, que se vincula con nuestros pasados de antes, de cómo éramos antes, aquello que ya no somos, que fue, decimos con ahínco, para desligarnos y hacer como que allí en el pasado está la razón, (¡la razón!) por la cual ahora tenemos miedo, y hasta se siente el deseo natural de conectarla con la madre, aquella mujer que vemos en las fotos de nuestro álbum familiar y que pensamos que es otra mujer, distinta de la que conocemos ahora, madre mía de ahora, son ya sus años, los mismos años que repasamos antes en este texto, la madre que parece ser causa de emociones tan duras como el miedo que no nos deja hacer lo que queremos en toda la vida de ese miedo, la relacionan con ella, como si ella no fuese también co-parte o el mismo electrón subtítulo de este cuento.
¿El derecho del pueblo mapuche es el mismo derecho del pueblo chileno? No es aceptable la teoría reduccionista que aplica el derecho chileno al mapuche por el sólo hecho de considerarlos chilenos, nominalistamente chilenos, designados por el mismo derecho que los abarca, los determina, los cambia, los modela y los destruye. Al considerarlos chilenos los hace desaparecer como mapuches, dejan de ser una cosa para ser otra, les quitan el arraigo de su propio ser y no ser para convertirlos mágicamente, autoritariamente, desde el poder del invasor, en chilenos, sin considerar que estaban antes allí, donde no había chilenos, nada era chileno, no existía ni la bandera ésta de la estrella, ni la de la patria nueva y la vieja, ni el Prat que saltara al abordaje ni las supuestas glorias del ejército. Tampoco estaba la cueca, ni las empanadas chirriadas, de esas que ya no se ven y que ahora están industrializadas por el Wall Mart Líder como la esencia de la chilenidad, no estaban los huasos, ni teníamos chinas buenas como dice Tito Fernández, que tampoco estaba cuando había sólo mapuches, en esas tierras que los chilenos también cambiaron, sacaron el huaye para poner pinos, extinguieron casi el mañío para poner pinos, les dio lo mismo arar la tierra del hombre de la tierra, entonces los cambiaron también y les llamaron chilenos, les aplicaron un derecho, los llevaron a sus escuelas, les enseñaron el himno nacional de una nación que no eran ellos, los vistieron a algunos de traje elegante para hablar a favor de estos chilenos postergados y les siguieron quitando todo los que les quedaba de mapuche, menos la naturaleza de ellos mismos que nunca se sintieron chilenos, aunque fueran a votar por un chileno a la presidencia de Chile, o una chilena, más bonito todavía, la madre, la madre tierra dijeron algunos, la misma madre de todos, la virgen del Carmen les dijo un grupo de italianos que formaron la iglesia católica que ahora es la iglesia del mundo cristiano, entre ellos de los chilenos, y por qué no, también de estos aguerridos lautaros, fresias y galvarinos que impresionaban las mentes infantiles de aquellos años en que iba a la escuela y me moría de rabia porque los españoles le cortaron los brazos a Galvarino, visto en una ilustración del libro de Walterio Millar, dios y ngenechén es lo mismo dijo Martín Painemal Huenchual, ¿chileno o mapuche?, o ambas cosas a la vez, como el electrón que nos deja una nube incierta de probabilidades, meras indeterminaciones que cuando logramos determinarlas nos da por acertar a una sola probabilidad, la que más se da, se repite siempre, la misma, siempre la misma, siempre en este mundo de probabilidades los mapuches son chilenos, no resulta la contraria, la que pueda decir que los chilenos son mapuches, o alguna que niegue ambas, nunca es los mapuches no son chilenos, los chilenos no son mapuches, no calza el mundo del electrón con el mundo de los chilenos y mapuches, pero claro, ya nos advierten que “en el mundo macroscópico la indeterminación cuántica es completamente despreciable”, no vayamos a pensar que esta multiplicidad de universos que surgen del electrón es aplicable a una mera dimensión más, ¿dónde está el momento, el instante de la inaplicabilidad?, ¿en qué momento se perdió senador?, en qué momento se convirtió en mera determinación, en qué momento ya no es como parece ser? o era?, ¿es y ya no es, era, pero ahora no es?, suena lo mismo, el mismo cuento de la dualidad con el que nos enseñaron a leer y escribir, con el que aprendimos que el espacio era cúbico, a pasar de la barbarie a la civilización, con el que fuimos haciendo negocios en los que los unos contrataban a los otros para ganar unos lo que nunca iban a ganar los otros, bastaba decirles, decirnos, que éramos diferentes, el rico, el pobre, el hombre de bien y el que no se sabe, claro, no tiene nada como para que podamos decir que es de bien, qué nos garantiza su bondad, ¿tienen bondad?, separamos siempre las cosas, las convertimos, con ayuda de ellos, los que no somos, en una cosa o la otra. Y lamentablemente siempre es la una, nunca la otra, no la que puede ser también, pero que por esa determinación final, gracias Dios mío, siempre es la misma, afortunadamente la familia se salva, nuestra familia- por supuesto- las otras, mmmh, ¿son familias?, pero si yo veo tanta delincuencia, tanta mala vida, tanto femicidios, tanto joven de esos peleando en la plaza de Rengo o de San Felipe, dónde están sus familias, digo yo, dice la tele, el Espina, si hay que poner mano dura, hay que hacerlos ser buenos chilenos, o si no mándenles los pacos, asesínenlos si reclaman mucho, quítenles las cámaras si filman cosas que no debieran, acúsenlas de terroristas, Elena Varela, estoy contigo. O es o no es. O es humano o es humanoide. O está conmigo o está contra mí. O el orden o el caos. Uno o cero. Está ahí o no está, y si no está no es nada, no existe, ¿pero cómo es eso?, si el ser siempre es, cómo puede no ser?, ¡Oh! (“¿en qué momento se perdió, Senador”?).
¿Qué guerra dejará de hacer Obama siendo Nóbel de la Paz?, ¿el presidente de EE.UU. Nóbel de la Paz?, igual que Roosevelt, Henry Kissenger, Jimmy Carter, la paz de USA, la conocemos bien. ¿En qué momento se perderá usté, señor Presidente?. La ideología es el arma que tiene el poder para hacernos creer, por las buenas o por las malas, de que, en algún momento, la incertidumbre del mundo de los átomos no es aplicable al mundo macroscópico, incluido lo social y los hechos mundiales, por supuesto. Acá todo vuelve a ser dual, vuelve a la estabilidad, las leyes naturales en este caso se equilibran para mantener el orden, la entropía es controlada por el sistema, ocurren más bien las regularidades, esto de que el presidente de Estados Unidos es negro es una mera apariencia, no vayan a creer otra cosa, no vayan a pensar que es el mismo Nóbel de Martin Luther King o Mandela, esas cosas no pasan, la regularidad es superior a cualquier cambio, dos más dos siempre han sido cuatro, siempre amanece, no se preocupen, o si no nos encargamos de que así sea, de todas maneras amanecerá. Mientras tanto recen. Trabajen como siempre. Las apariencias engañan, la realidad es más profunda, no importa que lo entiendan, en realidad, no importa, es así, desde que era chico escuchaba que no importaba quién saliera de presidente, igual había que trabajar todos los días, es bueno que así sea, si usted trabaja tenemos falabellas donde el consumidor compre sus necesidades, aquello de lo que ya no puede prescindir, imagínese si usted no trabaja, qué hará, seguramente se pondrá fuera de la ley y entonces lo perseguiremos y acabaremos con usté, muy a pesar nuestro, créanos. Así es la cosa, asíque… ¿Y si no fuese cierto que la regularidad manda? ¿qué pasaría si de repente nos damos cuenta?, y si nos da por creer que todos los blancos tienen su lado oscuro? (¿Obama es el lado oscuro de Bush?), que una apariencia es lo que queremos ver, que la realidad es apariencia, que no hay más realidad que lo que dice el lenguaje, que si cambiamos las palabras que usamos empezamos ver distinto, y que lo que vemos es lo que empezamos a construir tal como lo queramos, que no hay más realidad allá y yo acá, mirándola, que nos enfermamos cuando insistimos en aceptar que lo real es aquello que nos dice ese mundo que está fuera de nosotros y nos determina, nos obliga a ir a la pega, a trabajar para, a hacer lo que se debe, a valorar a la autoridad, a ser profesionales del sistema y nada más, y nada más. ¿y nada más?
"Uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que un día fue feliz. Y me han dicho que dicen, que dijo que se tropezó en la calle con un sueño y se entretuvo, y desde entonces no estuvo para nada ni para nadie. Y a salvo de su conciencia estrenó nuevas sensaciones y asombrado, comprobó que le iban bien. Y me han dicho que dicen, que dijo que recreándose en la suerte de ese sueño que atrapó, pegó un grito y se escuchó por primera vez. Era un hombre como cualquiera: ignorado, desorientado, contaminado como cualquiera, aburrido, desconocido y poco atrevido donde lo hubiera. Y dicen que creció de tal modo que llegó a alcanzar las estrellas, que se sonrió con razón como lo hacen los bobos sin ella. Y uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que un día fue feliz. Uno de mi calle me ha dicho que han dicho las autoridades que pasó el peligro, que todo está bajo control, que se trataba de un caso aislado, pero no obstante recomiendan que se tomen precauciones, que quien lo prueba una vez sueña en reincidir. Si usted es un hombre como cualquiera: ignorado, desorientado, contaminado como cualquiera, aburrido, desconocido y poco atrevido donde lo hubiera, no vaya usted a crecer de tal modo que llegue a alcanzar las estrellas, que se sonría con razón como lo hacen los bobos sin ella. Que uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que un día fue feliz". … (Serrat)